24/4/11
Pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos; pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo; consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió, con lentitud poderosa.
28/2/11
Es horrible ver cómo todos pueden sentir esa felicidad tan surrealista
y nunca poder proyectarla en tu cuerpo.
Parecería tan fácil, encontrarla, tomarla y fusionarla;
a veces me pregunto si simplemente soy yo la que no está hecha para eso.
Pero como dice Benedetti, esa felicidad, al menos con mayúscula, no existe.
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